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El analista financiero Carlos Miranda Monroig aseguró que el reto mayor que enfrentan las familias es cómo balancear el presupuesto o llevarlo a superávit en un mercado económico que está decreciendo. (GFR Media/Archivo)

Las fuertes lluvias y los vientos huracanados de Irma y María dejaron al descubierto no solo la vulnerabilidad de la infraestructura de la isla; también dejaron en evidencia que muchos individuos y negocios no contaban con los ahorros ni los seguros necesarios para hacer frente a un desastre natural de gran magnitud.

Se trata de una situación que colocó a muchos en una posición difícil, pues sin dinero guardado para atender la emergencia ni pólizas que ayuden a reponer las pertenencias perdidas, solo queda esperar por la ayuda gubernamental –si la persona o la empresa cualifica– o pedir prestado.

También es una situación de la que individuos y negocios pueden aprender y proponerse salir fortalecidos de cara al nuevo año que comenzará pronto, coincidieron tres expertos en planificación financiera.

“Uno de los retos principales que enfrentan individuos y empresarios es la ausencia de planificación financiera, no haber tenido un plan que los pudiera haber ayudado en escenarios no predecibles y situaciones de emergencia. La ausencia de un plan financiero personal, familiar o empresarial, hizo que las personas estuviesen totalmente vulnerables”, observó José Medina, presidente de Finanzas al Máximo, entidad que ofrece servicios de coaching individualizado y talleres grupales sobre finanzas personales.

“Muchas personas no tenían ahorros y han tenido que solicitar préstamos para los que, en muchas ocasiones, no cualifican. Eso se debe a que no contaban con los ahorros recomendados de tres a seis meses de gastos mensuales”, planteó el consultor financiero certificado Carlos Miranda Monroig, quien es dueño y presidente de la firma de planificación financiera Strategic Capital Partners.

Miranda aludió al fondo de emergencia o de reserva con que debe contar todo individuo, familia o negocio. Usualmente se recomienda que en ese fondo se guarde el dinero suficiente para costear todos los gastos en los que su hogar o empresa incurre normalmente en un periodo de tres a seis meses. Así, en caso de que haya una pérdida o reducción de ingresos, se puede utilizar ese fondo en lo que la persona recupera el empleo o el negocio reabre, sin necesidad de recurrir de inmediato a trepar los balances de las tarjetas de crédito o pedir prestado.

“Lo que se ha ofrecido por parte de instituciones federales o locales es un préstamo, que es una herramienta de ayuda, pero qué triste tener que recurrir a una deuda, aparte de que si la persona no puede mostrar que tiene capacidad de pago, ese tipo de ayuda no se le va a poder ofrecer”, planteó Medina, quien también es coach certificado en finanzas personales.

Al comenzar una reserva para emergencias, lo ideal es destinar cada mes un 10% del presupuesto del hogar o negocio a ese fondo, que puede estar en una cuenta de ahorros, hasta llegar a la cantidad equivalente a tres o seis meses de gastos, según Miranda.

Sin embargo, Eugenio Alonso, presidente de la entidad sin fines de lucro Consumer Credit Counseling, argumentó que en esa reserva se debe tener ahorrado un año o año y medio de gastos, tomando en cuenta que los huracanes arribaron a una isla que lleva una década de depresión económica y que el desempleo –que era de 11.4% en octubre pasado, según el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos– puede aumentar aún más dependiendo del efecto que la reforma contributiva federal tenga en la economía local.

A cuadrar el presupuesto

Para ahorrar tal cantidad de dinero, primero hay que hacer un presupuesto balanceado. “Lo que antes era un ejercicio forzado, ahora es una necesidad y todos tienen que hacerlo, que es reunirse con su familia y analizar los efectos del huracán en sus ingresos, más el impacto de la economía como estaba, para hacer el presupuesto”, urgió Alonso.

Elaborar el presupuesto requiere hacer el ejercicio de anotar a cuánto ascienden los ingresos netos (es decir, los ingresos menos los impuestos y deducciones), cuántos pagos mensuales hay que hacer y a cuánto ascienden todos los gastos en total. “Un ejercicio básico fundamental es anotar por 30 días todos los desembolsos que hacemos, lo que nos da una perspectiva de a dónde se va el dinero”, sostuvo Medina.

Al examinar todos esos pagos y gastos, es meritorio evaluar cuántos satisfacen necesidades básicas como techo, alimento, salud, vestimenta, educación y trabajo, según información de la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras (OCIF), y distinguir cuáles de esos gastos satisfacen gustos y deseos que no son básicos para subsistir y que, por tanto, se podrían recortar para lograr ahorros.

Luego, se procede a tomar los ingresos netos totales y restarles todas sus deudas y gastos para contar con un panorama claro de las finanzas del hogar. “Hay que empezar a cortar gastos hasta poder balancear el presupuesto o llevarlo a superávit, aunque sea de $25”, resaltó Miranda. “Toda empresa e individuo necesita operar con superávit; si no, no podrá operar a largo plazo”.

De acuerdo con Miranda, del ingreso anual del hogar se debe destinar: 35% a gastos relacionados con la vivienda (hipoteca o alquiler, mantenimiento, luz, agua, teléfono o celular, gas, contribuciones sobre la propiedad y otros), 17% a transportación (préstamo de auto, mantenimiento, gasolina, peajes, estacionamiento, marbete, uso de transporte público, etc.), 12% a alimentos (este renglón incluye comida sin preparar, meriendas y alimentos preparados fuera del hogar), 10% a seguros (de vida, incapacidad, propiedad, auto y contra inundaciones, entre otros), 10% a ahorros (dinero a guardar para el futuro y reserva para emergencias), 6% a entretenimiento (cable TV, internet, comidas fuera del hogar, cine, vacaciones, conciertos, etc.), 5% a gastos relacionados con la salud (plan médico, medicinas, citas médicas y con el dentista), 3% a gastos misceláneos (mascotas, salón de belleza, donativos, regalos, cuotas de membresía), y 2% a ropa (compras de ropa y zapatos, gastos de lavandería y sastrería, entre otros).

El reto de cortar gastos

El consultor financiero certificado admitió que “el reto mayor es cómo balancear el presupuesto o llevarlo a superávit en un mercado económico que está decreciendo y ahí, por ejemplo, tanto para los comercios como para los individuos, el reto grande es reducir los gastos; todo lo que no sea esencial para correr el negocio o para cubrir las necesidades básicas se debe reducir o hasta eliminar en algunos casos”.

Entre los gastos que los individuos pueden cortar para lograr ahorros, destacó el consumo de comidas fuera del hogar.

Además de ahorrar y reducir gastos no esenciales, Alonso recomendó a los consumidores no dejar de pagar sus deudas y aportar no menos del doble del balance mínimo de las tarjetas de crédito para así saldar más pronto estas cuentas, que suelen tener tasas de interés más altas.

El presidente de Consumer Credit Counseling resaltó la importancia de que individuos y negocios no dejen de pagar sus cuentas o, al menos, separen el dinero correspondiente para cuando lleguen las facturas. Recordó que, tras el paso del huracán María el pasado 20 de octubre, muchos consumidores y empresarios no han pagado por los servicios de agua, electricidad, cable o celular, ya sea porque las facturas no les han sido enviadas o porque recibieron créditos por el tiempo que no contaron con estos servicios.

Esto, en conjunto con las moratorias otorgadas por bancos y cooperativas en el pago de hipotecas, tarjetas de crédito y préstamos personales y de auto, han tenido el efecto de aumentar el dinero disponible de consumidores y comerciantes, lo que al parecer sirvió para incrementar los balances en cuentas de depósitos por sobre $200 millones, según reseñó El Nuevo Día recientemente.

Ese aumento en los balances de las cuentas de depósitos puede hacer creer a individuos y negocios que cuentan con más dinero del que realmente tienen, ya que las moratorias y otros créditos llegarán a su fin en 2018. “Lo que han dejado de pagar de luz, agua o tarjetas de crédito, hay quienes lo han invertido en compras navideñas”, alertó Alonso. “Si estás usando ese dinero en compras superfluas, cuando vengan las facturas de luz, de agua y de los bancos, vas a padecer”.

En caso de que a partir de enero no cuenten con la solvencia suficiente para cumplir, los expertos anticiparon que durante el primer trimestre de 2018 se registrará un alza en morosidad, en hipotecas referidas a programas de Mitigación de Pérdidas y hasta en radicaciones de quiebras.

Al respecto, a Miranda le preocupa el impacto negativo que tanto los ciclones como la reforma contributiva federal tengan en la economía local. “Muchas compañías han cerrado después del huracán María y despedido a sus empleados, aparte de la reforma contributiva federal, que puede causar que otras compañías sigan cerrando. Eso va a redundar en un desempleo bastante alto. Por lo tanto, mucha gente, al quedarse sin trabajo, no va a poder seguir pagando sus obligaciones mensuales cuando venzan las moratorias”, expuso.

Sin embargo, se espera que en los próximos dos años la economía local reciba una inyección multimillonaria gracias a los desembolsos que hagan las compañías de seguros a sus asegurados y al dinero que aporten a la recuperación la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) y otras agencias del gobierno estadounidense.

De cara a 2018

Aunque aún está por verse cuáles serán los efectos -a mediano y largo plazo- del embate de dos huracanes en un mes, de la reforma contributiva que se gesta en Washington DC, de los pagos de las aseguradoras y de los fondos federales para la reconstrucción del país, hay medidas que pueden tomar individuos y negocios, de cara al nuevo año 2018, para enderezar sus finanzas y prepararse para cualquier imprevisto.

Una de esas medidas es diversificarse, lo que aplica tanto a empresas como a consumidores. “Antes pensábamos que todo negocio lo podíamos hacer aquí en Puerto Rico. Este huracán, y todo lo que ha causado, ha abierto los ojos, y creo lo mejor es diversificar las fuentes de ingreso”, resaltó Miranda.

Indicó que una forma de hacerlo es mediante la exportación de productos y servicios, lo que permite traer dinero de fuera de la isla, a la vez que se sirve al mercado de los boricuas que han emigrado a Estados Unidos en los últimos años. “Mi recomendación a todo negocio es que pueda diversificar sus fuentes de ingreso, sus productos, que pueda innovar y buscar la forma de ser más competitivo con menos recursos”, agregó.

Medina le hace una recomendación parecida a los individuos. “Ningún trabajo es seguro y, por lo tanto, es importante prepararnos con otra fuente de ingresos que nos pueda complementar. Por ejemplo, trabajo en el gobierno y tengo una segunda fuente de ingresos como plomero o profesor”, dijo el presidente de Finanzas al Máximo.

A los matrimonios o parejas que conviven, si ambos trabajan, les aconseja desarrollar un plan en que uno de los salarios no se comprometa al 100% en el pago de deudas y gastos. “Muchos, cuando se casan, ambos comprometen todos sus salarios y entre ambos tienen la capacidad para cumplir con todas sus obligaciones, pero si uno de ellos pierde el trabajo por la razón que sea, hay un disloque económico porque con un solo salario no pueden vivir. Para evitar eso, deben contar con un plan que les permita tener al menos la mitad de uno de los salarios disponible para eventualidades del futuro”, argumentó Medina.

Otra de las medidas recomendadas por los expertos lo es asegurarse de contar con las cubiertas de seguros necesarias, como el “hazard”, que cubre daños a la estructura de la propiedad por fuego, huracán y terremoto; el de contenido, que cubre daños a muebles, enseres y otras pertenencias en el interior del hogar o empresa; el seguro contra inundaciones y el de interrupción de negocio.

Las cubiertas de seguros como el “hazard” o el de inundaciones, que se suelen pagar en conjunto con la mensualidad de la hipoteca, culminan cuando la propiedad asegurada queda salda. Según Medina, lo ideal es que después de saldar la hipoteca, se renueven las pólizas o se adquieran otras para que la propiedad quede protegida en caso de una emergencia, pero muchos consumidores no lo hacen.

“Muchos ven los seguros como algo innecesario y ahora sufren el cantazo de haber perdido todo el mobiliario de la casa. Al no tener un seguro que lo cubriera, están sujetos a la ayuda de FEMA, que probablemente no cubrirá la totalidad de los daños”, expuso Medina. “Perder todo es muy doloroso. Esto nos tiene que enseñar que tenemos que adquirir los seguros básicos, no costosos, que nos protegen”.

Tanto los seguros, como el presupuesto balanceado y el fondo para emergencias, son parte de la planificación financiera del hogar o la empresa. “Es lo único que nos da la seguridad y tranquilidad de mirar todo lo que tenemos en las manos y planificar nuestro futuro, desarrollando disciplina y hábitos responsables de manejo del dinero”, concluyó Medina.


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