Mayra Montero

Diario del huracán

Por Mayra Montero
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Un gobierno en pánico

Los funcionarios del Gobierno de Puerto Rico, con el propio Gobernador a la cabeza, deberían preguntarse, aunque sea secretamente, a solas con la almohada, cuál es su porvenir en términos de mando, gobernanza y administración. El hundimiento es irreversible.

En la undécima reunión de la Junta de Control Fiscal, esta misma semana, hubo de todo: impaciencia, desconfianza, frases de frustración de los miembros del ente federal. Nunca habíamos visto a esas personas tan crispadas, o tan a punto de tirar la toalla.  

Lo del bono de Navidad que se empeñó en dar el Gobierno a miles de empleados públicos, fue un desafío, y es obvio que les cayó rotundamente mal. Lo temerario de la acción tendrá sus consecuencias, y están sobre la mesa en algún lugar.

Luego de la decisión de la jueza Laura Taylor Swain, denegando una moción de la Junta para certificar el nombramiento de Noel Zamot como oficial de reestructuración de la AEE, el Gobierno le perdió el respeto al ente federal.

Y no digan que no, porque lo hacen patente a cada instante, en ese triunfalismo boxístico con el que reaccionaron, y en todos los gestos y declaraciones que han venido luego.

La idea que se han hecho los funcionarios de alto rango de esta administración, y que expresan cada vez que tienen la oportunidad, es que la Junta quedó inutilizada con el affaire Zamot, y ahora está atada de manos para imponer medidas de mando o de control fiscal. Yo no estaría tan segura de eso.

En cualquier momento podría llegar un sopetazo bueno, o bien del tribunal de quiebras, o bien desde el Congreso. En esa reunión de Nueva York, donde como ya dije, flotaba la tirantez, y el mal ambiente se podía cortar con un cuchillo, se daba a conocer la noticia de que la AEE se queda sin dinero a mediados de este mes. Ahora mismo. Dentro de unos segundos.

¿Por qué el Gobierno dio la batalla entonces para que la Junta no colocara allí al hombre de su entera confianza? ¿Por qué insistió en quedarse controlando la operación de una entidad indigente, más que indigente, ruinosa y convertida en polvo? Parece ser que había fuertes razones, que no eran las de darnos el mejor servicio, ni las del orgullo patrio. El cucarachero en esa Autoridad puede ser más intenso de lo que suponemos.

Un gobierno hundido, con tantos frentes abiertos, es un gobierno en pánico. Se nota en eso, en los palos a ciegas que está dando y en la manera de contradecirse. En Washington se reunieron todos, llevando un saco de contradicciones.

Nadie consulta nada con la almohada. Ni se plantean lo del porvenir. En fin, qué porvenir.

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