Noel Algarín Martínez
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Segunda mitad del noveno...

Esta semana Puerto Rico volverá a ser una plaza de Grandes Ligas cuando seamos sede de la serie entre los Indios de Cleveland y los Mellizos de Minnesota.

En estos tiempos de quiebra económica en el que otras empresas huyen de nuestras costas, no son muchos los que apuestan a nuestra isla. Major League Baseball, sin embargo, cumplió su palabra de regresar. 

La última vez que se jugaron partidos oficiales en el estadio Hiram Bithorn en el año 2010, Puerto Rico era un país algo distinto. Se anticipaba una caída en un precipicio fiscal, pero nuestros gobernantes se permitían el lujo de continuar el derroche. No existía Promesa, no había Junta de Control Fiscal y la jueza Laura Taylor Swain ni imaginaba que estaría a cargo del proceso de quiebra del país. Éramos una isla bendecida, decían, capaz de esquivar huracanes... hasta que llegó María y nos dejó desnudos y en tinieblas. 

En el caso de nuestra presencia en el béisbol de las Mayores, en 2010 se experimentaba un estancamiento que comenzaría a mostrar una ruta ascendente a partir del 2011, con la selección de Francisco Lindor y Javier Báez entre los primeros 10 jugadores de la primera ronda del Draft de Grandes Ligas. La elección de Carlos Correa en el primer turno del Draft de 2012, sería una clara confirmación de que nuestros peloteros volvían a cotizar alto en la bolsa de talentos de MLB. 

En 2013, fuimos subcampeones del Clásico Mundial de Béisbol. En 2015, Correa ganaría el premio de Novato del Año de la Liga Americana y Lindor finalizaría segundo. En 2016, Báez sería una figura importante en ruta al primer campeonato de los Cachorros de Chicago en más de 100 años. En 2017, repetiríamos como subcampeones del Clásico y Correa, con 23 años, ganaría su primer anillo de Serie Mundial con Houston. 

Queda claro, entonces, que desde aquella serie de Marlins y Mets en Puerto Rico en junio de 2010, hemos degenerado como país, pero hemos recuperado impacto en los círculos de Major League Baseball, incluidas posiciones de poder como las de dirigentes, coaches o ejecutivos.

Quizás hay una lección ahí para nuestros líderes. Quizás ese repunte que experimentan nuestros talentos en las Grandes Ligas puede aportar pistas a un modelo de reconstrucción y mejoría para el país. Volver a lo básico. Poner énfasis en verdaderos valores y refundar el país como dice nuestro dirigente nacional Edwin Rodríguez, “un pitcheo a la vez”. 

No soy ingenuo. Aunque el béisbol es un juego complejo, no se compara con la complejidad de nuestra realidad actual. Pero algo hay que hacer y pronto. Como cantó Rubén Blades, utilizando el béisbol como metáfora: “‘Play ball’ gritó el ‘umpire’ / Que no se vaya nadie / Que esto se pone bueno / Ahora que te necesito donde has ido Buck Canel / Segunda mitad del noveno, aquí se decide el juego / Y no podemos perder”...

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