Yazmín Álvarez Alatorre

Tribuna Invitada

Por Yazmín Álvarez Alatorre
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Lo bueno del huracán María

Espero que de aquí a seis días, seis meses o un año (escoja la más optimista que le parezca) y tenga todos los servicios básicos, los no tan básicos, los indispensables y los completamente innecesarios funcionando en su totalidad, usted pueda seguir aplicando todas esas cosas “nuevas” que la necesidad o la desesperación lo hizo aprender.

Para empezar, espero que siga cuidando el agua que consume, se bañe con agua fría y en menos tiempo, cierre la llave mientras se lava los dientes o se afeita, beba hasta la última gota de las tantas botellas de agua que compra en la semana y las recicle.

Espero que recuerde que lavó a mano cuando empiece a desesperarse al no encontrar un técnico que repare su lavadora y que el sol funcionó mejor que su secadora; que puede utilizar ciertas prendas de vestir más de una vez antes de lavarlas, así como repetir la misma combinación sin importarle que lo vean vestido igual que el día anterior.

No se olvide que poco le importaron los prejuicios sociales de la moda y que estuvo con su pelo y su cara al natural porque no había cómo encender ni planchas ni secadoras y que el sudor le quitó las ganas de usar maquillaje. ¡Saque a pasear más a menudo su belleza natural!

Convivió con sus vecinos, limpiaron la calle juntos, se ayudaron mutuamente, abrieron sus casas como albergue, pasó o le pasaron electricidad con una extensión o le llenaron recipientes con agua y hasta conoció a algunos por primera vez... ¡Mantenga y fomente esa buena relación con ellos el resto del año!

¿Sus hijos jugaron más que nunca en las calles? ¡Procure que amen sus calles y la naturaleza todo el año! Deje de preocuparse porque están aburridos y no corra a buscarles lugares con aire acondicionado para entretenerlos o se apresure a llevarlos al cine ni a cargarles sus celulares o tabletas, o a comprarles el último videojuego de moda. Más bien desempolve la bicicleta que no usa porque “afuera hace mucho calor”, saque la pelota de baloncesto, la de soccer, ¡cualquiera!, rételos a jugar con el mejor recurso que tienen, es gratuito y que está en peligro de extinción: la imaginación.

Usted no aprendió a beber agua templada ni a dormir con las ventanas abiertas, bañarse con un cubo de agua fría, lavar a mano o alimentarse con comida enlatada; usted se adaptó a las circunstancias y está adquiriendo experiencia.

Si contribuyó a reconstruir, reparar, limpiar, recolectar, repartir donaciones u otros, usted fue un ciudadano responsable y participó activamente para el bien de la comunidad, no espere un premio o un reconocimiento por ello, más bien siéntase afortunado de que pudo hacerlo ya que muy probablemente su situación personal (a diferencia de la mayoría en Puerto Rico), fue favorecedora para que pudiera aportar su valioso tiempo.

Si aún quiere demostrar que aprendió algo después del huracán María, ¡adelante! Siga publicando sus obras de caridad el resto del año, sature las redes sociales con sus fotos ayudando al pueblo de Puerto Rico que tenía hambre, sed y soledad antes de María, durante María y muy probablemente seguirá teniéndolas después de María, porque personas necesitadas hay todo el año.

Eso es aprender, adquirir conocimiento a través de la experiencia. Y si la experiencia lo convirtió en un mejor ser humano, aplíquelo toda su vida y no deje que esa foto que puso en su muro de Facebook o Twitter ayudando a los demás, desaparezca como un vídeo de snapchat o aparezca como un “facebook memory” dentro de cinco años. Recuerde que lo que bien se aprende, jamás se olvida.

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