Vicente Feliciano

Tribuna invitada

Por Vicente Feliciano
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Las pérdidas permanentes en nuestra economía

Algunos economistas estiman que como resultado del Huracán María y las subsiguientes transferencias de fondos federales y de compañías de seguros, la economía de Puerto Rico va a mostrar desempeños positivos. Los estimados descansan en el incremento en la construcción, que antes del huracán María empleaba 21,000 trabajadores de un total de 868,000 empleos en la Isla. Coincidimos en que eventualmente el impacto de la construcción en la economía será positivo y significativo.

Sin embargo, toda proyección económica post-María tiene que partir de la particularidad del costo económico que ha tenido el huracán. Usualmente el costo mayor de un huracán es el daño que directamente hacen los vientos huracanados en viviendas y negocios. En el caso de María, la falta de electricidad se está convirtiendo en un costo grande de interrupción de negocios y un incentivo a la emigración. Además, mientras que en el pasado las telecomunicaciones no fueron un problema porque dominaban los teléfonos de línea fija y el internet tenía un uso marginal, esta vez los problemas de las telecomunicaciones se sumaron a los problemas de la electricidad.

Miles de empresas no han podido regresar a niveles normales de operación. Decenas de miles de trabajadores han sido suspendidos o están trabajando en horarios reducidos. Mucha de esta producción no se va a recuperar. No son solo los hoteles que cerraron los que van a perder producción este año. Desde salones de belleza hasta bufetes de abogados, hay un gran número de empresas cuya facturación se ha visto afectada por la falta de electricidad. A esto, por supuesto, hay que añadir la caída en la producción de sectores claves de la economía como son energía eléctrica, agua potable y telecomunicaciones.

Ante la falta de producción en la Isla, muchos clientes de la manufactura de Puerto Rico han optado por suplidores en otras jurisdicciones. Esto afecta a industrias que van desde la farmacéutica hasta el sector agro-industrial. Es posible que algunas empresas de manufactura no pierdan ventas porque compensaron con incrementos de producción en Irlanda o Estados Unidos. La empresa no pierde producción, pero Puerto Rico sí la pierde.

A esto hay que sumar que las empresas operando en Puerto Rico llevaban más de una década bajo presión. Aquellas con márgenes de ganancia pequeños y estructuras de capital debilitadas van a optar por no reabrir operaciones. Por lo tanto, parte de la pérdida a consecuencia del huracán se va a convertir en pérdida de empleo permanente.

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