Aida Díaz

Tribuna Invitada

Por Aida Díaz
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La encrucijada de los maestros

Cada día, a pesar de la incertidumbre y el ambiente laboral que se dificulta, producto de las leyes de austeridad que el gobierno y la Junta de Control Fiscal insisten en aprobar para enfrentar la crisis fiscal, los maestros se las tienen que ingeniar para recibir con una sonrisa y un aura de paz, a sus estudiantes que cada vez llegan con más cargas emocionales, incertidumbres y pesares.  

No es lo mismo educar en la abundancia que en tiempos de crisis. ¡Pregúnteselo a cualquier maestro! El presente del País, literalmente, ya no está en nuestras manos, ¿algún día lo ha estado? El futuro del país dependerá de las decisiones que tomen terceros. ¿Decidirán estos por aceitar y echar a correr el motor que produce nuestras riquezas – la educación y los trabajadores -  para que podamos pagar lo que se pueda, cuando se pueda? ¿O se inclinarán por satisfacer la sed incontrolable que han demostrado los buitres que nos acechan dejando a nuestra patria sin posibilidad alguna de prosperidad, ni de oportunidades a sus ciudadanos y residentes?

Por eso insisto en que no existe trabajo más digno y noble que la del maestro.  Ustedes me dirán, ¡claro que sí, más importante es ser doctor, ingeniero, abogado!  Sí, esas son importantes, pero todos ellos tuvieron en común a un profesional, al maestro quien precisamente en momentos de crisis nos insufla aliento y esperanzas. Es por eso que reitero la grandeza que encierra el ser maestro.

¿Qué enseñar a nuestros niños, cuando sospechamos que sus escuelas se encuentran en venta para posiblemente beneficiar a alguien ajeno a la comunidad? ¿Qué enseñar a nuestros jóvenes, cuando sabemos que cada vez son más limitadas las ofertas de empleo y que de conseguir uno, tendrán beneficios inferiores a los que tuvieron los que les precedieron? ¿Cómo explicar que los están moviendo de un lado para el otro, como si fueran productos de una góndola, porque hay una cuota de escuelas a cerrar? ¿Cómo decirles que la mejor universidad del país, a la que aspiramos que vayan todos, con toda probabilidad ya no será lo que fue?  Y peor aún, ¿cómo explicar que no hemos sido capaces de unirnos en una sola voz para comenzar el proceso de recuperación que tanto clama el pueblo? 

 A estas y a otras preguntas se enfrentan los maestros todos los días porque las clases no se dan en el vacío, sino en el contexto de un salón repleto de seres humanos impactados por todo lo que les rodea – desde el punto de drogas de la esquina, la tía o el amigo que nos dejó porque su familia emigró en busca de empleo hasta el noticiero que relata los aconteceres del diario vivir en un país que se debate entre el pago a sus acreedores o proveer los servicios básicos a su población. Las clases se dan en el marco de una realidad ante la cual se necesita un héroe que alivie el pesar y brinde la esperanza de un mejor futuro para nuestros niños, para nuestra juventud. 

Es por esto y por mucho más que abogo y lucho por lograr respeto y consideración hacia nuestros maestros. ¡No hay nadie como ellos! El magisterio conoce la austeridad, repudia el despilfarro y es generoso en abundancia cuando se trata de sus estudiantes.   

La situación del País es compleja, pero tiene solución.  Continuemos levantando la voz ante las injusticias, reiterando el compromiso de vida que tenemos hacia nuestros estudiantes y reforzando los conocimientos ya aprendidos para alinearlos y atemperarlos a los nuevos tiempos -  porque nunca se deja de ser maestro -. ¿Por qué y para qué? Porque nuestros estudiantes merecen los mejores maestros del mundo para que podamos seguir haciendo lo que da sentido a nuestras vidas, educar. ¡Feliz día del maestro, compañeras y compañeros!

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lunes, 2 de octubre de 2017

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