Ángel L. Ortiz García

Tribuna Invitada

Por Ángel L. Ortiz García
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Kavanaugh: el deterioro de los procesos políticos

El 6 de octubre de 2018, el juez Brett Kavanaugh fue confirmado, 50-48, como miembro del prestigioso Tribunal Supremo de los Estados Unidos. El evento ya es historia pero todo el proceso evidenció un deterioro del concepto democrático para la toma de decisiones. Ha llegado a los niveles más bajos en los procesos históricos. 

La decisión tomada por el Senado ha sido objeto de protestas y elogios. Pero ha dejado un mal sabor. La principal detractora del juez, la Dra. Christine Blasey Ford, profesora universitaria en California, declaró que 36 años antes, cuando ella tenía solo 15 años y estaba en la escuela superior, Kavanaugh la había asaltado sexualmente. 

Su problema fue su ambivalencia e inconsistencias en proveer alguna evidencia creíble para que los senadores tomarán alguna decisión. Ella no recordaba quién la invitó a la fiesta de la fraternidad, no sabía cómo llegó, ni cómo se ausentó de la misma. Esas lagunas luego provocaron la crítica, algunos consideran burla, del presidente Donald Trump. 

No descartamos que Kavanaugh en su adolescencia y en una fiesta de una fraternidad, las cuales no se distinguen por su sobriedad, hubiera cometido un desliz. Pero  hasta el 9 de julio de 2018, cuando se le nomina para la posición, el letrado gozaba de una reputación intachable. 

La evidencia demuestra que el Congreso de los Estados Unidos parece no tomar como eventos decisivos las acusaciones sexuales de sus miembros. Así ocurrió cuando el senador Edward Kennedy se vio involucrado en un accidente en el que su compañera Mary Jo Kopechne se ahogó en un cuerpo de agua (isla de Chappaquiddick, Massachusetts) mientras compartían. Ni cuando Anita Hill acusó de hostigamiento al entonces nominado al Supremo Clarence Thomas, al cual confirmaron. Tampoco ocurrió cuando el  presidente Bill Clinton protagonizó el bochornoso acto con Mónica Lewinsky en la Casa Blanca. Aún más, el mismo Trump ha sido mencionado varias veces con evidencia de encuentros con damas de reputación cuestionable.

En resumen, el deterioro político en la nación provee a los demagogos la oportunidad de protestar por asuntos que no se pueden sostener como válidos para modificar procesos. Se espera que una profesora universitaria reconozca la importancia de la evidencia para la toma de decisiones. La doctora Ford no lo hizo. Fallas como esta le proveen a un Donald Trump la oportunidad de rechazar y de criticar.

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