Juan Zaragoza

Tribuna Invitada

Por Juan Zaragoza
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El arte de ejecutar cambios

Recuerdo como si fuera hoy, al compañero del tercer año de escuela superior, tratando infructuosamente de mover la pared de concreto de uno de los salones. Era un experimento para la clase de física allá en el Colegio del Pilar. Recurrí a mis compinches de entonces, Jorge y Armando para validar que mi recuerdo del experimento era correcto, pero ellos no lo recordaban. Su cuerpo estaba allí ese día, pero no su mente. Yo si lo recuerdo, así que puedo continuar con la historia.

Era un ejercicio donde el profesor de física trataba de explicarnos lo que constituía “trabajo”, más allá del significado común de la palabra. Luego de permitirnos debatir sobre el tema, nos dijo más o menos lo siguiente: “si se hace fuerza contra un cuerpo y este realiza un desplazamiento, es decir, se mueve, la fuerza realizó un trabajo”. Luego de esto añadió: “Por lo tanto, si el cuerpo no se mueve, a pesar del esfuerzo, del sudor, de las malas noches y los calambres, no se trabajó”.

Este principio de las ciencias físicas es de igual aplicación a la ciencia de la administración, ya sea en entidades públicas o privadas. Ya lo decía Larry Bossidy en su libro Execution, the discipline of getting things done: “La ejecución es el eslabón perdido entre las aspiraciones y los resultados”. En otras palabras, por mejor plan que haya, si no se puede mover una organización, división, agencia o departamento del Punto A al Punto B, perdimos el tiempo.

¿Cuántos empleados, supervisores y gerenciales a todos los niveles hemos conocido que dedican horas interminables a su trabajo, sacrificando su vida personal y sus familias, pero a quienes no le podemos atribuir grandes resultados? ¿Cuántas veces nos hemos satisfecho con el hecho de que la persona trabaja largas horas para justificar sus funciones?

La cita de Bossidy lo que nos plantea es que un buen plan sin la capacidad de ejecutarlo no es otra cosa que una aspiración. ¿Cuántas personas conocemos también, que celebran los planes o en el caso del gobierno una pieza legislativa, como si esto constituyera llegar a la meta? Ahí es que comienza el verdadero trabajo y el verdadero reto; ejecutar el plan.

Las capacidades necesarias para construir un buen plan, son muy diferentes a las necesarias para ejecutarlo. Esto es así porque la ejecución es un proceso interactivo en el cual múltiples factores internos y externos fluctúan fuera de nuestro control. La calle no es un laboratorio donde podemos controlar las variables e ir cambiándolas de forma gradual para ver el impacto en los resultados, por eso debe ser trabajo de gente con experiencia gerencial. Si este trabajo cae en manos de legos, el proyecto está destinado al fracaso.

En estos tiempos tortuosos que vive el país no podemos darnos el lujo de fallar en la ejecución, tanto a nivel de la empresa privada como del gobierno. La recuperación hay que ejecutarla con precisión, persistencia y transparencia. El margen para planes a medias o peor aún, mal ejecutados, se nos agotó.

Por eso le aconsejo a todos esos gerenciales en la empresa privada y el gobierno que se enfrentan al reto de ejecutar planes, que reconozcan sus limitaciones y se rodeen de personas capacitadas en el arte de ejecutar. Porque al final si no hay resultados, nadie les dará crédito por el mero hecho de sudar la camiseta, o la blusa. Ya lo dijo Thomas Edison: “Visión sin ejecución es una alucinación”.

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