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La excomisionada dijo que las cosas fueron cambiando y "todo tenía que pasar por el cedazo del Departamento de Seguridad Pública"

Michelle Hernández Fraley todavía no sabe por qué la botaron como comisionada de la Policía y asegura que no le interesaba recibir una explicación del secretario de gobernación, William Villafañe, cuando fue notificada de su despido el lunes.

Afirma, sin embargo, que está satisfecha con su labor en la uniformada durante los pasados cuatro años, aunque reconoce que la creación del Departamento de Seguridad Pública trastocó su trabajo al mando de la Policía.

Sentada en un banco de Robinson School, su alma máter, la primera mujer en dirigir la Policía indicó que seguirá vinculada a la misión de combatir el crimen, aunque desde el ámbito comunitario, específicamente en Santurce. Reconoció, además, que el comisionado interino de la Policía, Henry Escalera, no gozó de su confianza y que decisiones del secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera, minaron su habilidad para dirigir la agencia.

Hernández Fraley, quien ayer realizaba los últimos trámites relacionados con su salida del puesto, reveló que renunció a su escolta y a su liquidación por vacaciones.

Está haciendo unos trámites que hace siete días no anticipaba realizar. ¿Cómo ha sido este golpe?

—No ha sido un golpe. Hay que entender que cuando estás en una posición de confianza, estás un día y el otro estás fuera.

Pero usted le dedicó un año de su vida a esta posición.

—Fueron casi cuatro años de mi vida. Mi entrada fue específicamente atada a los cambios determinados en el acuerdo de la Reforma de la Policía (al dirigir la Academia de la Policía). El año de superintendente no es un principio ni un final, fue la continuación de un trabajo.

¿Se siente dolida con su despido?

—Di el 120% de mi capacidad intelectual, emocional y física a la Policía de Puerto Rico. Puedo ver lo que hice con mis compañeros en la Academia y este último año en la Policía y tenemos que estar orgullosos del desempeño en el último año.

Pero el gobernador no lo valoró de esa manera.

—Eso es prerrogativa de él, pero no quita lo que se hizo. No puedo borrar la historia.

¿Cómo cambió la entrada de Héctor Pesquera la manera en que usted trabajaba en la Policía?

—Él emitió una directriz a los comisionados en que había ciertas cosas que se le tenían que presentar a él y las aprobaba. Por ejemplo, cualquier cosa que tuviera una implicación financiera. Antes, podía ir directamente a OGP (Oficina de Gerencia y Presupuesto) y hacer planteamientos y hablar de contratos, y cuando él entró había que canalizarlo con el Departamento de Seguridad Pública que aprobaba o desaprobaba la acción.

¿Qué más?

—Antes, trabajaba directamente con las agencias federales y ahora él tomó un rol más grande en eso, al punto que hubo reuniones en que no participaba.

¿Los traslados?

(Pesquera) se involucró en colocar a ciertos policías en ciertas posiciones. La utilización de recursos, por ejemplo FURA, que después del huracán respondía al Seguridad Pública y no necesariamente a las necesidades de la Policía.

¿Estas instancias hicieron su labor como comisionada más difícil?

—Más complicada. Si tienes control directo de esas cosas, puedes tomar determinaciones de prioridades, de cuándo vas hacer algo y si necesito esto o lo otro. Cuando estás en el intermedio, se complica la situación porque ahora cuando tienes que hacer algo, tienes que pensar en cuál es mi otra alternativa si eso no se aprueba.

¿Luego de la entrada de Pesquera su autoridad mermó?

—En algunas áreas no, especialmente en el lado de la isla (fuera del área metro) porque el interés no estaba en esas áreas. Pero en el área metropolitana complicó las cosas. Los oficiales, y esto soy yo asumiendo, siempre estaban con este cuestionamiento de que la comisionada nos dijo esto, pero existe la posibilidad de que esto cambie.

¿Tuvo una oportunidad justa de dirigir la Policía e implementar su visión?

Inicialmente. Hablan de que si era la primera fémina, pero en los primeros tres a cuatro meses a cargo no era ninguna extraña, llevaba dos años y medio en la Policía, donde hay una cadena de mando y hay unas cosa que son lo que son. Cuando pasó la Ley 20 (la creación del Departamento de Seguridad Pública) es como todo; cuando hay cambios organizacionales estos causan ansiedad porque hay unas cosas que no se saben cómo van a terminar. Ahora, hay que ver con las otras consolidaciones, que cuando se den los anuncios de que se va a trastocar ‘X’, ‘Y’ o ‘Z’, a esas personas en esas organizaciones les va a subir el nivel de ansiedad.

¿Pero fueron justos con usted?

—La Ley 20 tiene todavía demasiada ambigüedad. Lo que los comisionados pensábamos era que íbamos a retener más autoridad organizacional y eso no ha sido completamente así.

¿Henry Escalera goza de su confianza?

—No necesariamente. Después del huracán, en realidad el trabajó más para Seguridad Pública que para la Policía. Dio la percepción de que la agenda con que estaba trabajando no era la de la organización que se trajo. Si te traen para cierto trabajo, hay unas obligaciones. Al no estar en el Cuartel General, eso la gente lo nota.

¿Cometió actos que minaran su imagen en La Fortaleza?

—No necesariamente en La Fortaleza, pero sí hubo ciertas cosas que sucedieron que pusieron en cuestionamiento dónde estaban sus prioridades de para quién trabajaba.

¿Pensó despedirlo?

—Hubo unos acercamientos desde fuera de la organización con evidencia, pero de nada vale que la gente hable si no están dispuestos a querellarse.

¿Actos impropios?

—Actos que cuestionan la lealtad de una persona.

¿La Policía, en el día a día, está en buenas manos?

—Mi opinión es que (Escalera) desconoce de algunos aspectos gerenciales de la Policía, de la reforma y va a tener que dedicarle tiempo y espacio para ejercer esas funciones interinas en lo que alguien es nominado.

El gobierno celebró una merma en asesinatos, pero se sometieron solo entre 60 y 70 casos.

—Hay que considerar que tuvimos que sacar policías de la rama investigativa para trabajar manifestaciones, actividades multitudinarias y tres meses del huracán. Las cifras son pésimas, pero la rama investigativa no estuvo 365 días del año haciendo investigaciones.

¿Y si hubieran sido 80 casos sometidos?

La Policía no está sola, es parte de un mecanismo de ley y orden. Hay que analizar otras ramas.

¿Recibió quejas de otras ramas como el Negociado de Ciencias Forenses o de Justicia que apuntaran a que compartían la responsabilidad por el bajo número de asesinatos sometidos?

—Hicimos una lista de casos pendientes a Seguridad Pública que no se podían esclarecer por cosas fuera del alcance de la Policía.

Durante su incumbencia varios coroneles estuvieron bajo investigación por diferentes situaciones. Si todos respondían a usted, ¿qué dice eso de su liderato?

—No fue diferente a otros años. Históricamente, hay querellas en contra de los coroneles y se ven mucho las querellas de hostigamiento laboral. En el caso de esas investigaciones, hay algunas en que hubo cargos.

El gobierno destacó una reducción en Delitos Tipo I y asesinatos, pero no es menos cierto que hay menos población…

—Tienes que ver otras áreas como los delitos contra las personas y la propiedad. Hubo áreas en que hubo una mejoría grande. Mi argumento es que tienes unas cifras globales, pero hay que ver lo que pasa en los municipios.

Pero la percepción sigue siendo que el país es inseguro…

—Para quien no ha salido de Puerto Rico puede ser así, pero para esta persona que ha estado en muchos lugares del mundo y vivió en Estados Unidos, relativamente hablando, si pones las cosas en perspectiva, el mundo no se está cayendo aquí en la isla.


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