Se espera que el presidente Donald Trump firme pronto el decreto para un nuevo reglamento, donde se prohibe pedir residencia a los migrantes que entren de manera ilegal al país.

Miles de migrantes centroamericanos decidieron salir de la Ciudad de México a primera hora del viernes en dirección a Tijuana, en el norte del país, optando por la ruta más larga pero probablemente más segura hacia la frontera con Estados Unidos, dijeron los organizadores de la caravana.

La decisión se tomó el jueves en la noche en el estadio de la capital mexicana donde cerca de 5,000 migrantes pasaron los últimos días descansando, recibiendo atención médica y debatiendo cómo continuar con su arduo viaje. Poco antes, los representantes de la caravana se reunieron con funcionarios de la oficina local de Naciones Unidas y exigieron autobuses que los lleven hasta la frontera.

Milton Benítez, uno de los coordinadores del grupo, dijo a los migrantes que seguían esperando una respuesta. Pero más tarde contó a los medios que las autoridades les habían ofrecido transporte para las mujeres y los niños, aunque los representantes pidieron que se ampliara a todo el contingente. Los representantes de la ONU no estuvieron disponibles de inmediato para confirmar la información.

Los migrantes esperaban que los autobuses llegasen el viernes por la mañana, pero se mostraron decididos a abandonar la ciudad aunque esto no ocurra.

"Dios primero, los autobuses llegarán, si no caminaremos", dijo Delia Murillo, una madre soltera de 18 años que dejó a su hija en Honduras porque temía por su seguridad durante el viaje.

Dirigiéndose a la asamblea en el estadio Jesús Martínez, otro de los organizadores, Walter Cuello, gritó: "¡Cinco de la madrugada, Tijuana!". Los migrantes respondieron con aplausos y vítores entusiastas. Su plan era caminar hasta la ciudad de Querétaro, en el centro del país, el viernes.

Algunos migrantes dudaron que los autobuses vayan a llegar.

"No va a haber autobuses", manifestó Héctor Wilfredo Rosales, un electricista de 46 años de Olancho, Honduras, que se echó a andar con su hijastro de 16 años por la falta de un empleo para poder vivir allí. "Nos han mentido mucho pero iremos caminando como hemos hecho hasta ahora”.

La Ciudad de México está a más de 965 kilómetros (600 millas) del paso más cercano, en McAllen, Texas, y una caravana similar la pasada primavera optó por una ruta más larga hasta Tijuana, en el extremo noroeste, para cruzar a San Diego. Ese contingente fue perdiendo miembros por el camino hasta quedar en apenas 200 personas cuando alcanzaron la frontera.

"California es la ruta más larga pero es la mejor frontera, mientras que Texas está más cerca pero es peor”, explicó el abogado José Luis Fuentes, del colectivo estadounidense National Lawyers Guild, a los migrantes.

Rosales hubiera preferido una ruta más corta “porque van muchas mujeres con niños y va a ser muy duro”, pero estaba contento con la decisión de marcharse ya y confiaba en que, como ocurrió para llegar a la capital, los mexicanos les den un jalón.

Encabezados por el periodista hondureño Milton Benítez, pidieron 150 autobuses para poder continuar por el territorio mexicano el camino que iniciaron el 13 de octubre en San Pedro Sula.

Estos vehículos "pueden evitar muertes", señaló Benítez, quien apuntó que no deben repetirse tragedias como la ocurrida en 2011 en San Fernando, en el nororiental estado de Tamaulipas, cuando 72 migrantes fueron asesinados presuntamente a manos del grupo criminal Los Zetas.

La ruta de los centroamericanos hacia territorio estadounidense comenzó hace más de tres semanas y el presidente Donald Trump los convirtió en un tema de campaña para las elecciones de mitad periodo de esta semana.

México ha ofrecido refugio, asilo o visas de trabajo a los migrantes. El gobierno dijo que emitió 2,697 visas temporales a individuos o familias mientras esperan la resolución del proceso de solicitud de un estatus permanente, que se demora unos 45 días.

Pero la mayoría quiere seguir hasta Estados Unidos. Las autoridades dijeron que muchos rechazaron ofertas para quedarse en México y solo una pequeña parte accedió a retornar a sus países de origen. Alrededor del 85% de los miembros de la caravana son de Honduras y el resto de Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

El miércoles, un autobús partió de la Ciudad de México con 37 personas a bordo que regresaban a sus países.

En la asamblea señalaron que la ONU que en resolver el tema de los autobuses la noche del jueves y hasta se dieron tiempo para gastar una broma sobre la comida mexicana.

"¿Cuantos se quieren quedarse a comer tortas (emparedados elaborados a base de pan y muy populares en México) para siempre?", preguntó uno de los voceros a los miles de centroamericanos y a coro le respondieron "¡Nadie!".

"La ruta segura es por Tijuana, muchos quieren irse por otro lado pero son los que viajan solos", dijo al micrófono una hondureña.

"Recuerden que debemos caminar todos juntos, no estamos en nuestros país y caminando juntos vamos a llegar a nuestro destino", agregó.


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