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Un emocionado Oscar López Rivera celebra su regreso a Chicago (horizontal-x3)
El viaje relámpago de 24 horas a Chicago le permitió reencontrarse, 36 años después de su arresto, con familiares, amigos y antiguos compañeros de las FALN. (Teresa Canino)

Chicago, Illinois -  Homenajeado en el mismo Paseo Boricua por la oficialidad y miembros de la diáspora de Chicago, el ex prisionero político Oscar López Rivera recorrió ayer nuevamente las calles en las que  inició hace medio siglo la lucha comunitaria que precedió su activismo cívico, político  y clandestino.

El viaje relámpago de 24 horas a Chicago le permitió reencontrarse, 36 años después de su arresto, con familiares, amigos y antiguos compañeros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

“Es mi segunda patria”, dijo López Rivera, en una entrevista con El Nuevo Día, en la que advirtió que por su larga historia en esta ciudad temía emocionarse más que en los eventos en los que participó en San Juan en su primer día -desde el 29 de mayo de 1981- fuera de la custodia del Negociado de Prisiones de EE.UU.

Desde el mismo aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín, pasajeros le solicitaban tomarse una foto con él. Al hacer escala en Atlanta, miembros del equipo nacional Juvenil y Máster de la Federación de Remos de Puerto Rico se retrataron también con el último prisionero independentista de la Guerra Fría.

Hasta un boricua con cuatro movilizaciones a conflictos bélicos aprovechó para tomarse una foto con López Rivera,  veterano de la guerra de Vietnam. López Rivera fue convicto el 11 de agosto de  1981 principalmente de conspiración sediciosa debido a sus vínculos con las FALN, a las que el FBI le atribuyó más de 100 atentados y cinco muertes.

En una camioneta que le fue a recoger al aeropuerto  O’Hare, López Rivera, de 74 años, recorrió el vecindario al que llegó hace 60 años y que ayudó a organizar en medio del activismo en contra de la discriminación y la brutalidad policial.

En el trayecto hacia el Paseo Boricua, López Rivera identificó la vieja iglesia de la comunidad con la que trabajó, se maravilló de los avances  del centro familiar Rincón que ayudó a fundar y sonrió al ver el legendario restaurante de ‘hot dogs’ Jimmy’s, el cual frecuentaba.

La primera parada fue en el centro para personas de la tercera edad Teresa Roldán, ya en el Paseo Boricua.

Pero, su recibimiento formal se dio en La Casita de Don Pedro y Doña Lolita, donde al ritmo  de bomba y plena le esperaban familiares y ex prisiones políticos, entre ellos Carlos Alberto Torres, Edwin Cortés y un nutrido grupo de personas, muchos de ellos jóvenes coreando “Oscar Libre”.

El conductor de la camioneta que le llevó al barrio fue Félix Rosa, otro de sus colegas de las FALN. “Después de 35 años y meses de estar preso, nunca perdí las esperanzas de estar en esta calle Division, de estar en el parque Humboldt, de ver estas caras jóvenes bonitas”, dijo López Rivera, cuya sentencia de 70 años fue conmutada el 17 de mayo por  el entonces presidente Barack Obama, efectivo anteayer.

Los últimos tres meses y medio estuvo bajo arresto domiciliario en la casa de su hija, Clarisa López, que le acompañó en su regreso a Chicago, junto al congresista Luis Gutiérrez y su esposa, su abogada Jan Susler y Alejandro Molina, de la Red Nacional Boricua de Derechos Humanos.

José López Rivera, hermano menor de Oscar y director ejecutivo del Centro Cultural Puertorriqueño, dijo que  desde los nacionalistas, la Casita de Don Pedro, inaugurada por Lolita Lebrón, ha recibido a “tres generaciones de presos políticos puertorriqueños”.

López Rivera después caminó unos 500 metros hasta la gigantesca bandera puertorriqueña de la calle Division, en la entrada del parque Humboldt. Durante el trayecto, fue escoltado por cientos de personas, el club “Latin American Motorcycles”, banderas de Puerto Rico, Lares y México, así como una pancarta en solidaridad con Palestina.

En la entrada del parque se celebró la ceremonia en la que el concejal municipal Roberto Maldonado develó el rótulo del pedazo de la  calle Luis Muñoz Marín que por decisión de la Asamblea Municipal de Chicago se conoce ahora de forma honoraria como “Oscar López Rivera Way”.

 Un solitario manifestante vestido de militar portaba una pancarta que leía  “OLR, terrorista”.  Otros dos críticos de López Rivera se acercaron después de forma independiente, uno de los cuales gritaba: “¿Por qué no piden la independencia?”.

En su mensaje, López Rivera, quien mañana será recibido en su natal de San Sebastián, afirmó que  “mi misión en este mundo, hasta que muera, es luchar por la descolonización de Puerto Rico”. “Las luchas se hacen con amor y para triunfar necesitamos ese amor. El que ama la patria, lucha por la patria”, agregó.

Los mensajes y la celebración continuaron en una fiesta que tuvo como sede también el parque Humboldt, escenario de las históricas rebeliones de la comunidad boricua en contra de la brutalidad policial.

Escuchando los mensajes, López Rivera se colocó sobre sus hombros el pañuelo tradicional palestino Keffiyeh. La familia y los amigos de López Rivera le recibieron con lágrimas de alegría.  Muchos de sus sobrinos nunca le habían visto fuera de la prisión.

El reencuentro con Carlos Alberto Torres, su compañero más cercano de las FALN,  tuvo particular atención. No se veían desde que Torres -compañero de Wanda Colón López, sobrina de López Rivera-,  fue arrestado el 4 de abril de 1980.

 “Hola, cómo estás”, le dijo López Rivera, en medio de un fuerte apretón. “Se ve tan contento y emocionado”, comentó momentos después Torres, al indicar  que no era “momento para conversar, sino para dar abrazos”.


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