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El gobernador Ricardo Rosselló indicó que buscan organizar a los puertorriqueños en Florida para convertirlos en una fuerza electoral. (horizontal-x3)
El gobernador Ricardo Rosselló indicó que buscan organizar a los puertorriqueños en Florida para convertirlos en una fuerza electoral. (Carla D. Martínez/ Especial para El Nuevo Día)

Kissimmee, Florida - Aun con su dura amenaza contra quienes desde Washington han aprobado medidas antipáticas para la isla, el gobernador Ricardo Rosselló optó ayer por no mencionar los nombres de esos “enemigos” de Borinquen. Así, su advertencia queda como un “en guerra avisada”, como un fuerte halón de orejas para que los aludidos allá en el Congreso tengan tiempo de redimirse ante el mollero boricua que el gobernador quiere endurecer.

El verle hablándoles cara a cara a representantes de la diáspora en la Florida central y motivándolos a votar por quienes han sido “buenos con Puerto Rico” luce como un ejercicio de cabildeo pragmático para impactar el poder en Washington de forma rápida y efectiva.

—Es precisamente eso, una iniciativa pragmática y diseñada para tener resultados. Nos dimos cuenta después de este pasado año y la nación se dio cuenta de que a pesar de que teníamos unas necesidades, la respuesta del Congreso no solo fue de ignorarnos, sino de lacerar a Puerto Rico. Y llega un punto donde esa falta de poder de esa ciudadanía de segunda clase, nos cuesta. Ante eso, la herramienta que tenemos es activar a esos puertorriqueños que residen aquí, que tienen poder político y que ya suman 5.5 millones. Reconozco que solo hay 10 meses para las elecciones de medio término (agosto) y por eso tomaremos unos estados puntuales para luego crear esta organización efectiva y responsiva que les permita a los puertorriqueños tener ese poder.

¿Esa organización es una estructura formal o es un ente más etéreo? ¿Habrá una oficina o tendrá un nombre?

—Vamos a comenzar con las colaboraciones de entidades que ya existen y están trabajando. Lo importante será la ejecución de una serie de esfuerzos. Primero, identificar a los puertorriqueños y a los amigos de los puertorriqueños; segundo, registrar a esos boricuas par que puedan votar; y tercero, hacer un esfuerzo cercano al día de las elecciones para que ese por ciento de participación electoral de los puertorriqueños, que es de entre un 33 a un 34 por ciento, podamos subirlo a los porcentajes que tenemos en Puerto Rico, que son de un 70 y 80 por ciento. Una aspiración es ver si podemos subir en un 10 por ciento esa participación ahora y con ese aumento influenciar las elecciones congresionales a nivel nacional.

Usted fue contundente en advertir que habrá consecuencias para quienes no han sido amigos de Puerto Rico. ¿Quiénes son esos? ¿Puede mencionar nombres?

—Yo prefiero montar la organización. Que todos, los que son amigos y los que no han sido amigos, vean esto que se está organizando y que esté en su mejor disposición de velar por los mejores intereses de Puerto Rico. Todavía hay muchas cosas que pueden pasar. Se podrían estar viendo medidas de salud para Puerto Rico, potenciales vehículos legislativos para remediar lo que ocurrió con la reforma contributiva y otras acciones importantes para asegurarnos que erradicamos la ciudadanía de segunda clase. Vamos a estarobservando cómo votan y se expresan todos estos candidatos y vamos a intervenir donde entendamos apropiado en su momento.

¿Usted los ha identificado o es que prefiere no mencionarlos?

—Lo que pasa es que yo puedo tener mis opiniones. Sé de muchos amigos y de personas que les han votado en contra a los asuntos de Puerto Rico, pero yo prefiero que se monte la estructura primero y que todos tengan la oportunidad de hacer lo correcto para Puerto Rico. Tal vez puede pasar que algunos que han sido amigos cambien y hagan cosas negativas. Por eso, es importante estar observando y cuando se acerque la elección estableceremos, de la forma más objetiva posible y a base de resultados, quiénes han sido los amigos de Puerto Rico y quiénes no.

Hay una dicotomía particular. Por un lado, se han planteado los efectos adversos socioeconómicos de la migración de miles de boricuas hacia Estados Unidos. Pero, por el otro, usted está apostando ahora a la fuerza política del boricua que se está mudando aquí, y cómo, con su ejercicio electoral, podrían incluso influenciar la balanza en Washington. ¿Cómo lo ve usted?

-—Lo que pasa es que yo no controlo el que la gente salga de la isla. Lo que sí puedo hacer es establecer la plataforma para que puedan regresar. Ante esa realidad, y ante una catástrofe como María, lo que podemos hacer es que, si en efecto esos puertorriqueños vienen para acá, pues que maximicen los instrumentos que tienen, y uno de los que tienen acá -que no tienen en Puerto Rico- es el poder votar por el presidente, por el gobernador, por representantes en el Congreso. Pueden tomar acciones e impulsar cambios. Los puertorriqueños que vinieron acá antes de María y cuya participación electoral es muy baja, los estaremos observando. Pero de esos 200,000 o 300,000 que han salido de la isla para acá, queremos que se activen para que puedan ser una fuerza dentro de este ciclo electoral.


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