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Retrato de un timador en “The Wizard of Lies” (horizontal-x3)
El proyecto es una adaptación de un libro exitoso que narra la historia verídica de Bernie Madoff, el hombre responsable por el fraude más grande en la historia de Wall Street. (AP)

Resulta  curioso que el inicio del Festival de Cine de Cannes haya encendido el viejo debate de qué exactamente es lo que define una experiencia cinematográfica.

El director Pedro Almodóvar abogó por el poder absoluto de la imagen  en una pantalla grande, mientras que el actor Will Smith defendió la inclusión del contenido artístico de Netflix en un festival diseñado para celebrar y vender las ofertas realizadas dentro de los parámetros del séptimo arte.

Aunque no esté directamente relacionado con este debate, el estreno de “The Wizard of Lies”, largometraje producido por HBO que se transmite por primera vez mañana sábado 20 de mayo, le da un viraje interesante al conflicto.

Este es el tipo de filme que hace diez o quince años atrás definitivamente hubiera sido financiado y distribuido en cines por uno de los estudios principales de Hollywood.

El proyecto es una adaptación de un libro exitoso que narra la historia verídica de Bernie Madoff, el hombre responsable por el fraude más grande en la historia de Wall Street.

Su elenco es encabezado por Robert De Niro y Michelle Pfeiffer, en su cuarto proyecto juntos, y la silla del director es ocupada por Barry Levison, director de filmes como “Good Morning Vietnam”, “Rainman”  y “Wag the Dog”. Sin embargo, todo ese prestigio y talento no fue suficiente para garantizar que “The Wizard of Lies” estrenara en una pantalla grande.

Actualmente los presupuestos de los estudios parecen estar comprometidos en construir universos cinematográficos  que puedan explotarse en docenas de filmes de altos presupuesto. Las finanzas que sobren están destinadas a ser invertidas en secuelas o “remakes”, títulos que el espectador promedio reconoce de forma instantánea sin tener que gastar más dinero en la publicidad del filme. En ese panorama, la única forma en que un filme como “The Wizard of Lies” iba a entrar en producción era con el apoyo de una plataforma como HBO, Netflix, Hulu o Amazon.

Aun así, lo curioso de este filme no es que no haya podido llegar a los cines, si no como su director y equipo de producción se ha negado aceptar la etiqueta de “filme hecho para televisión”. Hace varias décadas atrás, esa categoría hubiera implicado un valor de producción limitado y como consecuencia directa una propuesta audiovisual genérica. Esto simplemente no le aplica a esta película. Como director Levinson no altera la forma en que ataca la narrativa de la historia que está contando. En sus mejores momentos, su nuevo filme es un ejercicio melancólico fascinante que le da otra oportunidad a Robert De Niro de deslumbramos con su talento. 

Es cierto que resulte deprimente que la última vez que el actor estuvo en los cines haya sido con proyectos desechables como “The Comedian” o “Dirty Grandpa”.  A pesar de esta triste realidad, hubiera sido una pérdida  el que el actorno tuviera la oportunidad de aterrarnos con su representación de un monstruo egocéntrico que logro engañar al mundo entero con un disfraz de hombre de negocios respetable.

Además de la actuación excepcional de su actor principal, “The Wizard of Lies” amerita ser vista por la forma en que el guión y la dirección esquivan las convenciones de como se presentan los eventos principales de una historia que se apoya de hechos que generaron titulares a nivel internacional.

 Los eventos de como Madoff logró timar a un sinnúmero de profesionales de mil millones de sus ahorros. la destrucción de su familia, su juicio y su vida tras las rejas no es presentado en orden cronológico. 

El libreto utiliza una entrevista entre la autora del libro Diana Henriques, quien se interpreta a sí misma, y Madoff luego de haber sido sentenciado.  Esto le permite brincar a todos los momentos que ilustran que la figura central del filme es una persona sin escrúpulos que de alguna forma se convenció a sí mismo de que sus acciones criminales estaban justificadas y de que el siempre sería el protector de su familia. El pulso del filme late con más fuerza en los momentos en que Levinson y De Niro evitan servir ninguna explicación en bandeja de plata y se las ingenian para que el comportamiento de Madoff, antes y después de ser descubierto, hable por sí solo.

Lo otro que logra sorprender e impresionar de esta producción, es como la misma se sostiene y adquiere aún mayor profundidad dramática en las secciones de la historia que no dependen de la interpretación de su actor principal.

En una de las secuencias claves del filme, el director encuentra una forma eficaz y contundente de demostrar el alcance catastrófico del fraude de Madoff y el sinnúmero de vidas de personas inocentes que destruyó. Sin embargo, el filme se esfuerza en resaltar que estas víctimas incluyen a su esposa Ruth (Michelle Pfeiffer) y a sus dos hijos (Alessandro Nivola, Nahan Darrow). Las escenas que muestran como las personas que el protagonista estaba “protegiendo” caen víctimas al juicio de los medios y de la opinión pública tienen el subtexto de una tragedia de  Shakespeare.

Michelle Pfeiffer en particular impresiona al capturar la tristeza de una mujer cuyo único crimen fue no crear su propia identidad dentro de su matrimonio. Su rol en este filme funciona como una antítesis interesante a su participación como “Elvira” en Scarface. Ambas mujeres son minimizadas como accesorios de un criminal, la diferencia clave es que Ruth Madoff quedó cegada por su devoción inquebrantable a su alma gemela y no los lujos inmensurables del dinero robado que le dio una vida de lujo.

Uno de los momentos más chocantes del filme es cuando Ruth y Bernie deciden de una forma práctica y calmada consumir todos los medicamentos que hay en su casa y se acuestan a dormir juntos esperando un suicidio que nunca llega.

Resulta difícil refutar el argumento de Pedro Almodóvar, de que esta imagen hubiera sido aún más contundente en una pantalla grande. Aun así, “The Wizard of Lies” retiene su poder en la forma que explota el talento dramático de su elenco principal y en la creatividad que tiene su director para demostrar que siguen habiendo formas nuevas de contar una historia convencional en un medio audiovisual.


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