Uno de los grandes logros de esta cinta, como  su predecesora de 2014, reside en los efectos especiales que permiten fusionar de manera muy real al personaje principal de animación digital con actores y escenarios naturales. (Suministrada) (horizontal-x3)
Uno de los grandes logros de esta cinta, como su predecesora de 2014, reside en los efectos especiales que permiten fusionar de manera muy real al personaje principal de animación digital con actores y escenarios naturales. (Suministrada)

A pesar de la diversión satisfactoria y azucarada de la primera aventura cinematográfica del osito británico “Paddington”, resulta muy fácil asumir que “Paddington 2” es una de esas ofertas de entretenimiento familiar donde los adultos están destinados a mirar su reloj cada cinco minutos mientras los cinéfilos más chicos de su familia se distraen por un rato.

Uno de los deleites inesperados de esta secuela, que comienza a exhibirse hoy en los cines de Puerto Rico, es que eso no es cierto. La segunda aventura en pantalla de la creación literaria de Michael Bond es un filme maravilloso, cuya efectividad y emotividad apela a espectadores de todas las edades.

El director Paul King regresa a la silla del director acompañado de la mayoría del equipo de producción del primer filme y juntos logran retener todo lo que funciono en la primera película y expandirlo con una propuesta audiovisual mucho más grande, ambiciosa y encantadora.

El triunfo de estos filmes reside en retener la inocencia inquebrantable del personaje titular y balancearlo con un sentido del humor sagaz que ilustra una y otra vez lo difícil que es retener esa perspectiva cuando se es adulto.

Así que los niños que vayan a ver esta película se benefician de su mensaje de siempre tratar de ver lo positivo en todo, pero resulta bastante probable que esto sirva como un bálsamo de inspiración necesario para los adultos que los estén acompañando.

La magia de “Paddington 2” parece llegar a la pantalla sin mucho esfuerzo. Aún así, una de las cosas que más impresiona de este filme es como se balancea la simpleza de la trama principal con secuencias que parecen dar al espectador una mirada dentro de la ventana de un mundo donde la imaginación no tiene límites.

Aunque los productores optaron por un título bastante genérico y obligatorio para esta segunda parte, el guión de Paul King y Simon Farnaby fácilmente se podría haber llamado “Paddington va a la cárcel”. Este viraje de la trama se da cuando los esfuerzos del personaje tutelar por conseguir el regalo perfecto para el cumpleaños de su tía se enredan con un robo de un artefacto preciado.

Mientras, la actitud positiva de Paddington es puesta a prueba en una correccional que tiene a prisioneros interpretados por Brendan Gleeson y Noah Taylor, su familia adoptiva en Londres se las tiene que ingeniar para probar su inocencia.

Aunque gran parte de la comedia de este filme se manifiesta en las secuencias en que Hugh Grant, que interpreta un actor obsesionado con reclamar su fama, le da rienda suelta al ego de su personaje, las mejores secuencias del filme son aquellas que ilustran la esencia del personaje principal.

Ver como la influencia de Paddington le da unidad a toda una comunidad o como literalmente transforma la apariencia de una prisión es simplemente encantador. Aún más satisfactorio son los momentos que el director va más allá de lo que uno espera con este tipo de filme, con encuadresque acentúan la maravillosa cinematografía de Erik Wilson, junto con momentos que hacen alusión visual a luminarias como Charlie Chaplin o Buster Keaton.

Como resultado de eso, este filme ofrece algo mucho más gratificante y admirable que un ratito de entretenimiento junto a la familia. Como los mejores filmes, “Paddington 2” cumple su función básica de entretener a la misma vez que invade el corazón, el intelecto y los sentidos de un público de todas las edades.


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