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Ernesto Díaz González se convirtió de narrador del béisbol profesional en dueño de equipo a mediados de los 80. Aquí posa junto a fotos de las dos ediciones de los Metros de San Juan. (Luis Alcalá del Olmo)

Una conversación con el veterano narrador del Baloncesto Superior Nacional, Ernesto Díaz González, requiere el mismo tiempo que dura la transmisión televisiva de un juego. Lo anterior no solo porque son 56 años de trabajo en los medios de comunicación llevando las incidencias de eventos deportivos desde estadios y canchas, sino por las múltiples facetas en que se desempeñó antes, cuando no estaba tras un micrófono.

Famoso por las frases con que sazona cada incidencia de un partido de básquet, Díaz González tiene méritos de sobra en un campo que ha cambiado radicalmente desde que debutó como narrador para un partido de la pelota Doble A en 1962, a través de las ondas radiales. La aparición del internet, las redes sociales y otros recursos disponibles gracias a la tecnología, le han permitido ampliar su base de consulta antes de salir a narrar un partido.

Con 78 años, Díaz González continúa vigente porque ha sabido utilizar todos esos recursos a su favor en lugar de resistirse al cambio. Incluso, critica sin tapujos cuando el talento nuevo alardea sobre su conocimiento o preparación académica, pero no escucha consejos de los veteranos.

Promotor de boxeo, dueño de caballos de carrera y de un equipo de béisbol profesional, músico y productor de televisión son otras de las facetas en las que ha incursionado, muchas de ellas sin esperarlo o desearlo. Es por eso que define su vida profesional como un chiste que piensa plasmar en un libro que recién comenzó a escribir hace seis meses. Eso sí, su trabajo no lo toma a broma nunca.

Díaz González tiene junto a su computadora un diccionario de sinónimos y asegura que también tiene debajo de la manga uno de español-inglés, y de inglés-español. En su sala, hay dos televisores de pantalla plana, que enciende simultáneamente para seguir el desarrollo de partidos distintos a la vez.

“Si llegas a venir hace siete u ocho meses, tenía tres televisores, uno con Dish, otro con DirecTV y otro con Liberty”, dijo orgulloso.

(Luis Alcalá del Olmo)

De sus vivencias a lo largo de casi seis décadas de labor como comunicador, conversó el reconocido narrador al recibir a El Nuevo Día en su hogar en Guaynabo.

La gente te conoce por tu trabajo como narrador, pero en realidad has hecho de todo.

—Me conocen de la generación pasada y de la presente, porque a Dios gracias hice los ajustes a tiempo.

¿En qué sentido?

—Ah, porque mi vocabulario es para la juventud. Hice la transición. Yo hablo para los jóvenes. Para la gente que le gustan las frases, que le gustan las expresiones, que se viven el juego.

¿Y te reconocenen la calle?

—Ah, (me saludan) con las frases básicas… ‘¡Y va a seguir!’, ‘¡Éeechalee!’, ‘¡Aaagua pa’ los gallos!’ y la cuestión del ‘¡Sallllsaa!’ Cada vez que hay 20 (puntos de ventaja de un equipo), la gente empieza en internet a pedir (por las redes sociales): “Dime ‘Salllsaa’, dime 'Salllsaa’”. Yo tuve dos golpes de suerte bien grandes. El primero fue el juego (de Puerto Rico y Estados Unidos) de la olimpiada de Grecia 2004. Ese juego fue un domingo en la tarde. Tuvo una audiencia de algunos 12 puntos (de rating). Pero cuando la gente supo que Puerto Rico había ganado, pues entonces el canal (Telemundo) lo repitió y por la noche cogió 18 puntos. Al otro día lo repiten al mediodía, y coge 12 puntos más. Entonces lo repiten en el Canal 13 por la noche y coge 15 puntos más. O sea que, en un abrir y cerrar de ojos, cogió 50 y tantos puntos entre las cuatro presentaciones, en menos de 24 horas. Ese fue un golpe de suerte bien sólido. Y luego viene lo que remata en el 2013: el torneo Premundial (de Baloncesto) que se celebra en Venezuela. Nunca uno podía pensar que tuviera el arraigo que tuvo. Ahí me ayuda que por primera vez uso la frase “¡Aaagua pa’ los gallos!”, que se empató con ese éxito y me dio fuerza. Ahí un juego sacó 40 puntos (de rating), que eso es el equivalente a dos millones y pico de personas. Eso me dio un empuje tremendo. Los dos (eventos) me ayudaron a ganar mucho dinero por el lado, en los comerciales. Grabé una cantidad increíble de comerciales. Ahora mismito este año no he hecho nada de narración, pero hice un anuncio de Point Guard (en que aparece el pelotero boricua Francisco Lindor), que ha tenido una gran cantidad de repeticiones, y me ha dado una vigencia increíble.

¿Te afecta cuando no tienes narraciones, cuando no tienes exposición en los medios?

—Sí, afecta mucho cuando tú estás fuera. A no ser por el asunto de las frases, porque las frases siempre se quedan.

Parece que algunos convierten esas frases en parte de su vida.

—Es parte de la vida mía, porque yo salgo a Plaza las Américas y me pasan por el lado y me dicen, ‘¡Éeechalee!’. Y más adelante pido un café y me dicen, ‘¡Y va a seguiiir!’. Es increíble la cantidad de frases que la gente ha adoptado como parte de ellos, porque las utilizan para su vida normal, para cualquier vacilón o ‘vellón’. Casi todas son frases de mi juventud, de los años en la universidad.

¿Te asocian con algún jugador por la manera de describir cómo jugaba?

—Ah bueno, con (José Ortiz) Piculín. ‘¡Piculín, por el cristal!’, ‘¡El Picu, el Picu, el Picu!’... Muchísima gente me dice ‘Picu’. Recuerda que eso fue un momento de gloria. Esa época de Piculín fue extensa y buenísima.

¿Cuándo te diste cuenta de que tenías que renovarte y seguir evolucionando como narrador?

—La que me empuja a eso fue mi mujer Norma Hernández… bendito, que la perdí hace 10 años por cáncer de ovarios. Mi esposa me dijo: “¿Por qué no usas esas frases que tú te pasas diciendo?”. En la casa, cualquier cosa o bobería que ella me dijera, como “mira, tráeme esto cuando vayas a salir”, yo le contestaba, “y va a seguiiir’. Ella me dijo, “pero por favor, úsalas una a una, poco a poco”. Y yo me esmandé. El primer día las zumbé casi todas.

¿Cómo comenzaste en esto? ¿Tenías aspiraciones de trabajar en los medios?

—No esperaba trabajar en nadade esto. Fui un advenedizo. Yo llego a esto porque Terry García se enfermó en una transmisión (radial). Yo estaba allí viendo un juego de Doble A por mera casualidad, en el parque Fonfrías de Bayamón, en marzo de 1962. Entonces, ¿qué pasa? Me convertí en una esponja, escuchando lo que me decía la gente, lo que me aconsejaban. Que es muy distinto a esta juventud, que quieren ser narradores o comentaristas, y porque estudiaron es muy difícil darle un consejo o señalarle un punto porque entienden que ellos saben.

¿O sea que no estudiar comunicaciones, te hizo estar abierto a los consejos de otros?

—Exacto. Esa apertura me sirvió, porque llegaron los consejos de Hernán Niggaglioni, Hiram Cuevas, Germán Cruz, Margarita Nazario, Francisco Aranzamendi, y de un millón de amigos y de gente que yo fui tomando esos recursos. Y además de un cubano, Ricky Tapia, que me dio un curso de asociación, para recordar y para decir las cosas de distintas maneras, y no caer en cacofonías, ni repetición. Fíjate que son dos situaciones distintas. A los 78 años cualquiera que me dice algo, un consejo, yo lo escucho. Los jóvenes no. Si me ha dado frutos toda la vida, ¿por qué lo voy a cambiar?

¿Cuál de todos los deportes que narraste en el pasado te apasionaba más?, ¿el béisbol?

—No, cuando comenzaba a mí me apasionaba mucho el atletismo. Lo narré muchas veces; las justas interuniversitarias, un fracatán de años, desde el Hiram Bithorn y luego desde el Sixto Escobar. Después vino el béisbol.

(Luis Alcalá del Olmo)

La gente de ahora te asocia con el baloncesto. Pero cuéntanos de esa época en el béisbol y como pasas de narrador a dueño del equipo de San Juan.

—Mi vida es un chiste. Narré pelota (Doble A) porque Terry García se enfermó del estómago y sin haberlo hecho nunca, me dice que lo haga. Luego, narrando pelota profesional con los Lobos de Arecibo, el gerente Naval Barreto me dijo que los Capitanes (del BSN) iban a jugar en la cancha bajo techo en el muelle de Arecibo, que quería que yo narrara el próximo año. Tampoco tenía eso proyectado ni me había preparado. En el boxeo lo mismo. Tuto Zabala consiguió unas peleas con una cantidad de boxeadores buenísimos, se presentaron en Telemundo y yo las narré. En el béisbol, lo mismo. Se acabó la temporada del equipo de San Juan (Senadores) con Tony Gwynn, Brian Harper, Mark Reynolds, Dickie Thon, Carmelo Martínez... rompen récord de jonrones de la liga, pero terminan últimos. Y (el entonces dueño) Norman Parkhurst dice ‘me voy a quitar’ y me manda a buscar y me dice: “Lo que quiero es ver si por tus relaciones, conoces a alguien o escuchas de alguien que me quiera comprar el equipo”. En ese momento, mi esposa Marggie (primer matrimonio) estaba con un cáncer terminal. Estábamos viviendo en Fort Lauderdale (Florida). Regresé a casa y le digo a ella: “La gente se cree que uno es papa Dios o Aladino. Me vienen a ofrecer esto”. Ella me dice, “tú toda la vida te has pasado criticando a los dueños de equipo, de que debenhacer esto o lo otro. Por qué no lo compras tú y haces todo lo que has dicho”. Me empujó y lo compré.

Fuera del deporte, también fuiste músico.

—Fui músico profesional. Toqué con la orqueta de Luis Morales en el Club Esquife. Era un veterano saxofonita y violinista, hermano de tres tremendos músicos: el pianista Noro Morales, el baterista Humberto Morales y el saxofonista y flautista Esy Morales. Cuando yo estudiaba siempre tuve inclinaciones por la música y aprendí a tocar timbales y luego también el bajo, el snare drum y tocaba batería. También en la universidad toqué en el combo de Rafy Cedó. Tocamos un buen tiempo en el Club de Oficiales del Ejército en Buchanan, todos los sábados. Eso fue cuando estaba en primero, segundo y tercer año de universidad, y ahí me di cuenta que era muy sacrificado y no había futuro. Pero me sigue gustando. Aquí mismo tengo mi conga, mi güiro pachanguero y mi cencerro. Aquí mismo le doy por la cuestión del hobby. Pongo a Poncho Sánchez, a Machito, Tito Puente, Don Perignón. Todas las orquestas heavy de salsa. Tengo un Ipod que tiene cerca de 5,000 números.

Resumiendo, ¿entonces los 56 años como narrador son desde que hiciste tu primer trabajo en el béisbol, para la radio?

—Correcto. En el básquetbol empecé a transmitir en el año 1965.

¿O sea que en lo que ahora conocemos como BSN son 53 años?

—¡Y va a seguiiir!


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