David Nieves ha completado una colección de obras en donde exorciza los demonios del miedo en una obra de cinco acrílicos en las que al mismo tiempo captura momentos de alegría, esperanza y pasión. (Suministrada) (semisquare-x3)
David Nieves ha completado una colección de obras en donde exorciza los demonios del miedo en una obra de cinco acrílicos en las que al mismo tiempo captura momentos de alegría, esperanza y pasión. (Suministrada)

Orlando, Florida – El huracán María lo obligó a dejar su tierra junto a su esposa e hijos para empezar de nuevo en una tierra desconocida, y ese temor a lo desconocido lo inspiró a pintar.

Hoy, David Nieves ha completado una colección de obras en donde exorciza los demonios del miedo en una obra de cinco acrílicos en las que al mismo tiempo captura momentos de alegría, esperanza y pasión.

El huracán causó serios daños en su residencia en Bayamón, en donde mantenía su taller artístico, y la situación paralizó su quehacer creativo. 

El huracán nos dio el empujón y ese miedo al cambio se refleja en las pinturas, pero no dejé de usar los colores alegres y brillantes que transmiten las cosas positivas pues, dentro de ese temor que había, tenía la seguridad de que me iba a ir bien, y así ha sido”, dijo Nieves, de 45 años y quien ahora reside en Weston, al sur de Florida.

Con un estilo contemporáneo de cubismo y figurativismo, el artista quiso plasmar la nostalgia de la patria que quedó atrás con la esperanza de saber en carne propia que los puertorriqueños llevan la nación en el alma. 

“Los puertorriqueños somos como los vehículos ‘todo-terreno’, capaces de adaptarnos a cualquier situación”, contó el artista que para buscar un sello distintivo firma sus obras como David Divad.

Dibujar manos era uno de los elementos más complejos de su trabajo artístico, pero en este contexto en el cual el cambio sacudió su vida y la de su familia, David se lanzó a domar los trazos que conforman esta extremidad humana. De aquí que su obra más reciente se llame “Hand-on” o “Manos a la obra”.

En una de sus piezas hay una bola del mundo, una mano que está sobre el Caribe con un dedo en Puerto Rico y otro en Florida. La mano tiene unas cuerdas atadas con las que arrastra un corazón. 

“Así me sentía cuando salí de mi país, arrastrando mi corazón pues no me quería ir, pero tuve que hacerlo”, explicó.

En otras se ven dos manos atadas con un hilo rojo inspirada en la leyenda oriental que dice que las personas destinadas a conocerse, están enlazadas por un hilo rojo que nunca desaparece y permanece constantemente atado a sus dedos a pesar del tiempo y la distancia.

Sus obras ya han estado expuestas en dos importantes sectores culturales del sur de Florida, la tradicional Calle 8 en Miami y Delray Beach en Palm Beach donde sus pinturas permanecerán durante lo que resta de mes de agosto.

Ha participado en 19 exposiciones colectivas y dos individuales. Por cinco años la tienda West Elm en San Juan lo tuvo como artista invitado y sus obras han desfilado en el Museo de Arte de Puerto Rico y el Museo del Barrio de Nueva York.

Actualmente, una muestra se su trabajo se exhibe en The Heart of Delray Gallery que ubica en el 1440 N. Federal Hwy, en Deray Beach.


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